PREGÓN DE FIESTAS DE LA CRUZ DE MAYO 2011


(como no se pudo escuchar bien el dia del pregon,lo ponemos en la pagina y recomendamos su lectura )
Buenas tardes. Hemos venido hoy aquí a perpetuar la tradición de nuestros mayores. Un año más y con el mismo ritual que lleva repitiéndose desde hace décadas, este es un pregón que se pronuncia para abrir las fiestas de la Cruz de Mayo.
Supongo que el único mérito que puedo tener para haber sido elegido como pregonero está en las referencias que de vez en cuando escribo en la prensa sobre Santa Cruz y sus gentes y por lo tanto lo que se espera de mí es que les haga pasar un buen rato contándoles alguna historia que no sea demasiado conocida y no me limite a repetir los datos de siempre sobre la Sociedad Hullera Española y el muy católico marqués de Comillas; aunque, como supondrán, resulta imposible estar en este estrado y no referirse a la empresa que ha marcado la vida de la mayor parte de las familias de esta zona. De cualquier forma, esta tarde voy a procurar no aburrirles.
Y debo empezar recordando a todos los pregoneros que me han precedido en ceremonias anteriores. En los últimos días he estado revisando lo que aún se puede encontrar sobre lo que dijeron en los años 60, cuando los festejos estaban en su mejor momento y el desaparecido semanario Comarca se ocupaba de publicar estas cosas y mi conclusión es que todos, con mayor o menor acierto trataron siempre los mismos temas: la importancia de la religión, las bondades de la empresa que organizaba estos actos y el recuerdo a las autoridades y a los personajes populares de otra época.
Los pregones se celebraban entonces en el cine La Llama , inaugurado en 1.935 y que fue el tercer cine de esta la localidad y el primero que proyectó las películas sonoras, cuyos rollos había que ir a recoger en una bicicleta con un pequeño remolque hasta las estaciones del Vasco en Ujo-Taruelo o de RENFE en el mismo Ujo. Ahora debería decir que los tiempos han cambiado y ya no hace falta desplazarse porque ya no hay cines en Santa Cruz, aunque esto no tiene por qué alarmarnos ya que es lo mismo que ocurre en la mayor parte de los pueblos de España.
Y en cuanto a la religión, es cierto que nuestros festejos tienen su origen en una conmemoración cristiana, pero –siguiendo el curso de los tiempos- son cada vez menos quienes conocen la historia de la Iglesia y pueden recordar lo que se celebraba en un principio. Se lo repaso en un momento, aunque tenga que remontarme con ustedes al siglo IV.
Imagínense una legión romana en marcha y a su frente, entre estandartes y trompeteros, el emperador Constantino. De repente se detiene porque cree ver una enorme cruz en el cielo, frente al Sol. En un principio cree que es una alucinación producida por el calor y no le da importancia, pero aquella noche sueña de nuevo con la cruz, esta vez rodeada por la inscripción « In hoc signo vinces » («Con este signo vencerás»).
Al día siguiente manda a sus tropas que dibujen el símbolo en sus escudos y así gana la decisiva batalla del Puente Milvio. Lógicamente se convierte al cristianismo. Luego envía hasta Jerusalén a su madre Santa Elena para que busque la auténtica cruz de madera que había sostenido a Jesucristo y la mujer la encuentra al distinguirla entre tres candidatas que va colocando sobre algunos enfermos hasta descubrir que la verdadera es la única que pude sanarlo todo e incluso resucita a los muertos.
Esta leyenda –o historia para quienes lo prefieran- es lo que conmemoraban nuestros ancestros en estos días, como lo hacían también en otros lugares de España y América sobre todo durante los siglos XVIII y XIX, para empezar a decaer a principios del XX. Aunque en realidad, su origen es más antiguo que el cristianismo y debemos buscarlo en las fiestas paganas que celebraban el mes de mayo para recibir al esplendor de la naturaleza que traía la primavera. Luego, siguiendo una práctica habitual en la Iglesia , se reconvirtió este culto en la veneración de la Cruz , y así hasta ahora.
Los ritos religiosos - misa y procesión- siempre se acompañaron con otros actos en los que reinaba la alegría, y las diversiones se fueron adaptando a las modas del tiempo. Así, ojeando los antiguos programas de fiestas, encontramos actividades lúdicas que, más o menos, se ajustan al mismo patrón:
Normalmente se comenzaba el primer viernes de mayo con un pregón como éste y se ocupaba el fin de semana con carrera de bicicletas y de cintas a caballo, meriendas y visitas a las atracciones de todo tipo que se instalaba en el “prau del molineru” esperando el momento de las romerías y sobre todo de las verbenas con la asistencia de jóvenes de los dos concejos que hermana Santa Cruz: Mieres y Aller. Finalmente, al llegar el lunes, con el reparto del “bollu”, de manera extraoficial, se consideraba que comenzaba la temporada de buen tiempo y los meses de frío y lluvias quedaban olvidados.
Ahora nosotros también vamos a otra cosa. Quienes me conocen saben que no podía dejar pasar esta ocasión sin citar al antropomorfo de Grameo, una de las asignaturas pendientes que Santa Cruz tiene con su cultura. Se trata de un grabado sobre roca que representa una figura humana esquematizada y fue catalogado y fotografiado por el profesor José Manuel González pocos años antes de su muerte. El erudito recorrió la mayor parte de nuestra región buscando castros y túmulos que luego acabó publicando en una relación por concejos, pero también firmó otras investigaciones muy interesantes. Entre éstas figura un trabajo de 1975 titulado Estaciones rupestres de la Edad del Bronce en Asturias.
En él se aborda uno de los aspectos más desconocidos de nuestra antigüedad: el arte de la Edad de los Metales, localizando varios yacimientos en la Cuenca del Caudal. Casi todos estaban situados en lo más alto de nuestras montañas –y digo estaban porque han ido desapareciendo-. Eran grabados con líneas, cruces, cazoletas o canales de diferente profundidad, y entre ellos aparece la figurita de Grameo, de la que se conserva una fotografía, hoy reproducida en los cristales del polideportivo, pero cuya ubicación nadie conoce. Aunque siempre estamos hablando de que debemos organizar un día un rastreo exhaustivo por las rocas que rodean el pueblo…Cuando lo hagamos, estoy seguro de que vamos a acabar encontrándolo.
Entrando ya en la Edad Media , o tra de las incógnitas de Santa Cruz es saber donde estaba ubicada la primitiva iglesia de San Salvador, una de las más antiguas que se erigió en Mieres y que debemos buscar a lo largo de los tres kilómetros que separan Forniellos de Valdefarrucos.
Tampoco sabemos a ciencia cierta como era la Cruz de los Caminos, un topónimo que aún se conserva y que acabó dando nombre al pueblo, aunque la tradición popular la sitúa en Forniellos, lugar en el que, por cierto, se halló otra pieza arqueológica de esta zona: una enorme pila con un diámetro de 115 centímetros de la que se contaba que había aparecido conteniendo un tesoro de los moros que acabaron quedándose los inquisidores de Figaredo. No hace falta que les diga que esto no es más que una leyenda, pero la piedra tiene un interés evidente y, dado su tamaño, no descartamos la posibilidad de que haya servido para celebrar algún ritual vinculado con la cultura de los castros. Ya ven cuanto nos queda por aún por conocer.
En el siglo XVI ya estaban habitados algunos núcleos como Los Cubiellos, Oriella, Valdeoreyo, Forniellos y seguramente el viejo Bustiello y estaban a punto de fundarse otros como Fresneo, Valdeciego, Grillero, Grameo, Valdesenche, Las Fontona o La Llinar ; pero la casa más importante de Santa Cruz, sino la más antigua, debe ser la de Los Bernaldo de Quirós, que se levantó alrededor de 1750 por una rama del linaje que entonces controlaba casi todo el territorio de la Montaña Central.
Tiene dos plantas que se edificaron en sillarejo y aún conserva su señorío, a pesar de que ha sufrido alteraciones de importancia como la pérdida del artístico pavimento de cantos rodados que adornaba su entrada y la sustitución de la columna de madera que sujetaba el porche por otra de hormigón o la desaparición de su capilla que en su origen estaba bajo la advocación de San Antonio Abad y hasta 1915, cuando se construyó el templo actual, sirvió para las funciones parroquiales para pasar a convertirse en bar.
En la pared noreste de esta casona aún campea el escudo, bien conservado de la familia, pero sin el lema tradicional “Después de Dios, la Casa de Quirós”, lo que indica que quien lo mandó labrar estaba obligado a ser humilde por su condición eclesiástica y auque desde ella se fueron estableciendo uniones matrimoniales con otros linajes de la Montaña Central , que enriquecieron su patrimonio, finalmente, sus poseedores prefirieron irse a otros palacios de las Cuencas y acabó vendida con tierras y huertos cuando llegó la Ley de Desamortización de Madoz, en 1855.
Precisamente, en la primera mitad del siglo XIX se desarrolló un capítulo desconocido y curioso para la historia de un pueblo con una tradición religiosa tan arraigada como es éste. Me refiero a la presencia en los archivos del Tribunal de la Inquisición de uno de sus vecinos, que además fue acusado en dos ocasiones por la misma culpa: proposiciones heréticas, lo que significa negar los dogmas de la religión, algo que solía acompañar con insultos a la monarquía.
El hereje contumaz se llamaba José Ordóñez y fue delatado por primera vez en la batalla de Vitoria, en plena Guerra de la Independencia , cuando era subteniente del regimiento de Monterrey y un capitán le oyó decir que Jesucristo era un hombre como los demás, hijo de un soldado romano y que por lo tanto no debía ser adorado como Dios.
En aquella ocasión tuvo suerte y el procedimiento se sobreseyó, pero cuando la guerra acabó y José ya estaba de vuelta en Santa Cruz volvió a ser acusado de nuevo por el presbítero de Oviedo Juan García, quien expuso que el blasfemo solía andar por los pueblos de los alrededores, acompañado a veces por otro amigo llamado Ángel López, que le jaleaba y le reía las gracias negando la existencia del Más Allá, los milagros, la creación de Adán y del diluvio y la verdad de las Sagradas Escrituras, asegurando que lo más importante era ser buen vecino y decente.
En el proceso que se celebró en Valladolid declararon los párrocos de Figaredo, Carabanzo, Santa Cruz, Cenera, Villallana, Muñón Cimero y Ujo, quienes añadieron además que le habían oído opiniones contrarias al gobierno y al rey Fernando VII, al que llamaba ignorante y cobarde. Como era de esperar, aunque José Ordóñez, cuando lo vio muy negro intentó retractarse, al final acabó entre rejas.
Poco después, en 1.837, Mieres se segregaba definitivamente del concejo de Lena. No fue una concesión sencilla, porque los caciques lenenses se resistieron a perder una parte de sus privilegios. Dos años después el Ayuntamiento solicitó la confirmación de la permanencia de las parroquias de Ujo y Santa Cruz en su territorio, ya que Lena seguía considerando que los dos pueblos eran suyos; de modo que, para dejarlo claro, 70 de los 82 vecinos con que entonces contaba Ujo y la totalidad de los de Santa Cruz, firmaron una petición ante la Diputación solicitando la integración; aún así, tardó en conseguirse y hubo que insistir de nuevo en 1.841.
Por fin se logró, y de esta forma tanto Ujo como Santa Cruz pueden presumir de ser las dos únicas localidades de este concejo que decidieron voluntariamente pertenecer a él.
Una circunstancia que ha marcado siempre la vida de Santa Cruz es su peculiar situación geográfica, lugar de paso obligado para enlazar los valles del Caudal y del Aller, con sus barrios y lugares divididos por el río en dos mitades que se miran de frente y necesitan comunicarse. Hoy, esto ya no es un problema, pero varias generaciones vivieron pendientes del estado de los caminos y sobre todo del puente que debía unir las dos laderas y en la memoria de los mayores aún están las riadas de 1960 y 1962 cuando el agua entró en los portales y entresuelos del barrio de San Salvador, que había inaugurado la Hullera Española en 1954.
En 1848 la Corporación mierense elaboró un “ Itinerario general de los caminos existentes en este territorio” en el que se decía que el de Santa Cruz salía del puente de Santullano y allí cruzaba el río por un puente de carro en construcción y por El Pedroso se dirigía al concejo de Aller. Tenía la categoría de “vecinal de primer orden”, de una legua de longitud y n o estaba en buen estado por la mala calidad del piso, aunque era muy interesante por comunicar los dos citados concejos y abría el paso hacia el puerto de San Isidro.
Cincuenta años más tarde, la situación no había cambiado mucho porque la Diputación Provincial , que había empezado la carretera de Santullano a Lillo aún estaba construyendo algunos trozos del tramo hasta Santa Cruz.
Y en cuanto al puente, hasta donde sabemos, hubo que esperar también al siglo XIX para contar una estructura segura que viniese a reemplazar a la armazón de madera que veía sirviendo desde siempre para el paso de hombres, animales y caballerías. Y aquí encontramos otra historia digna de contarse.
La cosa empezó en 1886 cuando después de ir parcheando los destrozos como se podía, una crecida lo dejó en tal estado que se temía un hundimiento inminente. Entonces, los usuarios solicitaron al Ayuntamiento de Mieres que lo reparase porque su estado podía acabar ocasionando desgracias irreparables y en diciembre de 1896, siendo alcalde D. Manuel Gutiérrez Díaz Faes, se acordó que el arquitecto municipal realizase el proyecto. El técnico estimó que era necesario construir otro nuevo y las obras se otorgaron a D. Juan Ordóñez Cachero autor de la proposición más ventajosa entre seis licitantes.
Pero d esde el inicio de los trabajos no hubo más que problemas, el arquitecto discutía continuamente con los concejales, las dos vigas de hierro que se encargaron a Fábrica de Mieres eran tan endebles que el contratista envió un escrito al Ayuntamiento salvando su responsabilidad en el caso de que fallase su resistencia, y además tanto Juan Ordóñez como la Alcaldía se acusaban mutuamente de pufistas. Uno decía que no le pagaban y los otros que él tampoco acababa de depositar la fianza que le exigía la ley.
Finalmente, el arquitecto acabó teniendo un encontronazo con un cabo de la guardia municipal, la cosa acabó en una denuncia mutua y presentó la dimisión, de manera que tuvo que venir desde la Jefatura de Obras Públicas de Oviedo el Ingeniero Director de Obras Municipales D. José Eugenio Ribera para dar por concluidas las obras. Al fin, los sufridos vecinos de Santa Cruz tuvieron su puente, tres años después del inicio de los trabajos.
Durante siglos, aquí se vivió exclusivamente de la ganadería y sobre todo de la agricultura que apenas daba para la subsistencia familiar. Todo esto cambió cuando ya en época moderna las aldeas se sumaron al impulso de la industrialización de la mano de dos actividades y dos empresas, que no solo dieron trabajo a cientos de familias sino que acabaron influyendo en el carácter de muchos santacrucianos. La Sociedad Hullera Española y Electra de Viesgo, representaron aquí respectivamente los mundos del carbón y de la electricidad. Aunque, al menos hasta el final de la Primera Guerra Mundial, los mineros siguieron combinando su trabajo con la actividad agrícola porque su objetivo pasaba por hacerse algún día con la tierra que cultivaban y que era de otros amos.
En 1883, el marqués de Comillas adquirió las concesiones mineras que eran propiedad de “ La Montañesa , principalmente para proveer de carbón a sus barcos que realizaban la ruta transatlántica y tres años más tarde se levantó en Sovilla una fábrica de aglomerados.
Luego se trazó una línea de ferrocarril para llevar el mineral desde las explotaciones hasta el servicio general de la empresa y este pequeño valle se fue llenando de instalaciones para los servicios auxiliares, como el lavadero que se inauguró en 1891, un año antes de que se constituyese oficialmente la Sociedad Hullera Española, una empresa creada directamente por el segundo Marqués, el controvertido Claudio López Bru, personaje con luces y sombras pero al que no se le puede negar el papel de haber sido el impulsor de la economía de esta zona.
Hoy no quiero hablarles del Marqués ni de su compañía, que ustedes seguramente conocen desde dentro mejor que yo por los documentos de los archivos. Sólo decirles que gracias a ella y a la Sociedad de Energía Eléctrica de Asturias constituida a su vez en el año 1.914 con un capital de 1.500.000 Pts como complemento de la Hullera Española e integrada en Electra del Viesgo en la década de 1920, aquí hubo trabajo de sobra para familias que fueron llegando de otras provincias. Los de la Hullera se asentaron en Los Cuarteles y las Colominas, y los de El Viesgo en las casas que están frente a la Electra o el Barrio La Luz , , mientras otros muchos se repartían por las numerosos barrios y aldeas que colgaban de las montañas de Santa Cruz, asombrando a quienes veían por primera vez aquel paisaje.
Con ellos fue creciendo un pueblo que vivió mejores momentos que el presente, un lugar lleno de movimiento, que además de atender a las múltiples instalaciones industriales y mineras que lo fueron llenando todo, contaba con comercios de toda clase, bares, lugares de diversión, escuelas públicas y buenas comunicaciones, que tenían su complemento en Bustiello donde la Sociedad Hullera Española quiso que no les faltara de nada a sus trabajadores para que así no tuviesen que buscarlo fuera.
Tuve el privilegio de conocer hace tiempo los entresijos de este poblado gracias al magisterio de Pepe Álvarez Muñiz, quien me enseñó aquellos detalles que no aparecen en los libros. Con él como cicerone realizamos entonces varias visitas con los alumnos del instituto de Aller, en el que trabajé 18 años, y también con otros profesores e interesados del Concejo de Mieres, hasta que la administración quiso que las cosas fueran de otra manera.
No es este el momento para hablar sobre las características de la vida en Bustiello, donde el paternalismo empresarial dejó su huella tanto en la arquitectura y el urbanismo como en la forma de entender la vida de sus gentes, pero debo volver a recordar la importancia histórica y las posibilidades de este lugar, conocido ya internacionalmente y que si se supiesen encauzar debidamente ya estarían trayendo beneficios de todo tipo a sus habitantes.
Hace ya dos décadas, cuando un pequeño grupo de mierenses pensamos en que sería bueno que la villa contase con su propio campus universitario, se nos descalificó llamándonos ilusos. Las hemerotecas guardan lo que ocurrió entonces, pero el caso es que lo que parecía imposible se acabó realizando y hoy el edificio de Barredo es uno de los principales motores de nuestro concejo.
Hoy quiero hacer desde aquí otra propuesta seguramente polémica, pero tan viable como necesaria: convertir a Bustiello en la pequeña ciudad cultural de la Montaña Central , donde haya un movimiento constante de personas que vengan y luego difundan lo que ven, dando a conocer las increíbles posibilidades de este lugar.
Para ello, se debe empezar rápido con dos acciones concretas que tiene un perfil parecido: facilitar la instalación en el poblado de unos estudios para la televisión de las cuencas mineras, las emisoras de radio y los diarios escritos que así lo deseen y traer hasta aquí el Centro de Profesores y Recursos, que se llevaron en su día para La Felguera. Hemos dejado que todos los museos y archivos posibles que podrían haberse ubicado indistintamente en cualquiera de nuestras cuencas están en el Nalón. Ya nos toca a nosotros mover ficha.
Ahora, aprovechando esta tribuna, no puedo dejar pasar la ocasión para citar a otro personaje conocido solo por los mayores y que sin embargo fue quien llevó más lejos el nombre de Santa Cruz: Monroe, “El loco del rulo”, un muchacho que creía que al otro lado de la montaña de Revallines estaba la América que el veía en las películas del cine La Llama y que un día hizo la maleta para viajar con los mejores circos del mundo asombrando con unos números que había ensayado en solitario, caminando en equilibrio sobre los cables de los tendidos abandonados o haciendo piruetas sobre los costeros que esperaban en las bocaminas.
Monroe fue si duda uno de los mejores artistas circenses de su tiempo y después de un accidente se dedicó, sin querer abandonar el mundo de la carpa, a adiestrar animales para el espectáculo. Pocos saben que entrenó a sus primeros osos en Revallines, junto a Nicole Magdenel, la mujer que lo acompañó en la última etapa de su vida. Ella me ha contado que una tarde, uno de aquellos oseznos se les escapó monte arriba y después de una interminable media hora acabó retornando mansamente con sus compañeros. Seguramente fue el último oso libre de nuestros montes.
Monroe –Maximino Rodríguez Viejo-, el hijo de Consuelo y Alfredo, que había sido el barbero de Revallines, falleció el 27 de septiembre de 2007 y está enterrado en su tierra. Creo que es imprescindible que nosotros recordemos su memoria de alguna forma y hoy os paso el testigo.
El pueblo que hoy conocemos debe avanzar hacia el futuro, pero sin olvidar su pasado minero, aún presente en la mayoría de las familias. Es imposible hacer una relación de todas las explotaciones que en algún momento funcionaron en el valle y fue precisamente esta riqueza y la dispersión de los yacimientos, que se explotaron durante décadas mediante minas de montaña, una de las ventajas que encontraron los consejeros de Comillas, porque mientras los trabajadores preferían vivir en pequeños núcleos cercanos a su trabajo, eran más reacios a integrarse en los movimientos reivindicativos que se daban en Mieres o en La Felguera.
Desde la galería abierta en la curva de “ La Dominica ”, tabicada y abierta de nuevo durante la Guerra Civil para servir como refugio, hasta los grupos “Dos Amigos”, “Pomar” o “Vanguardia”, pasando por “ La Benita ”, “ La Mala ”, “ La Catalana ”, la lista es interminable. Muchos de estos lugares y las instalaciones que los rodeaban están definitivamente perdidos, pero aún hay mucho que merece la pena salvar y gracias a entusiastas como Miguel Fernández Palacios, empeñado junto a otros compañeros en que este riquísimo patrimonio no se pierda, tal vez podamos mostrar a las generaciones venideras como fue este mundo que se está evaporando ante nuestros ojos, aunque esta es una labor que necesita de una financiación razonable y sobre todo del apoyo de las instituciones y la comprensión de los vecinos.
Debo pedirles disculpas por haberme extendido tanto, pero tengan en cuenta que solo se puede ser pregonero de Santa Cruz una vez en la vida y les aseguro que a pesar del tiempo que llevo hablando tengo la sensación de que se queda todo en el tintero. De cualquier forma me conformo si les he hecho pasar un buen rato. Les deseo que tengan unas buenas fiestas y un mejor futuro.
¡Larga vida a Santa Cruz! ¡Larga vida a Mieres!
Muchas Gracias
Ernesto Burgos, en Santa Cruz, a 6 de mayo de 2011